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| "Ciudad habitada", España, 2015. Acrílico sobre tela. |
Sueño
que vuelvo a ti, ciudad inolvidable. Y no es a ti a quien miro, sino a mí, en
todos tus mundos. Todas las ciudades que habito y me habitan. Regreso a cada
una de tus esquinas de Schönhauser Allee hasta el infinito, tus sombras entre
curvas y hojas, el paraguas verde del U-Bhan que dibuja tus caminos, las
salidas de tus cotidianos, donde nos refugiamos de la lluvia en las tardes de
verano. Nada ha cambiado en ti, pero tampoco eres la misma. Vuelvo a
reconocerte con sutileza y recuerdo cómo había sido vivir con los ojos
abiertos, imaginando montañas azules en cielos amarillos, empezando la
calamidad del universo, sin aliento, trastabillando por las ciudades del sur y
agitada me arrojo a tus brazos cada vez más fríos.
Te
pareces tanto a ti con todos tus rostros idénticos, pero ahora eres algo más
domada, algo más sedienta. Eres ínsula de bordes afilados, donde los hilos que
atraviesan tu sonrisa en el río Spree congelan los árboles del Tiergarten.
Puedo esperar por siempre mírate llenar el mundo contigo y luego nada.
Nada te sujeta a
mí pero yo quisiera aunque sea que algo me detuviera entre tus poros. Descansar
por siempre entre tus más sórdidos pasajes bajo la luna diminuta, entre un sol
estéril y los áridos rastros de una historia sin salida, que sin desearlo
asfixia los breves rastros de tus habitantes.
No dejo de soñar
en ti como si ya no estuvieras viva, como si se te escaparan las fuerzas y
agonizaras en un mar de luces lejanas, diluidas hasta el infinito. Y si te
fuera permitido parpadear en señal de permanencia, la memoria no haría nada
contigo, filtrada en un oscuro silencio te perdería por siempre sin decirte
“adiós”.
Esta advertencia
es tuya pero no se quedará en ti más tiempo, lo sé como se saben las cosas
antes de que sean anunciadas. Como el viento entre tus muros, cuando una helada
hace delirar las primeras hojas de la primavera. Éste, tu invierno perenne,
Berlín.
