domingo, 24 de mayo de 2015

Berlineses

PRIMER SUEÑO



"Ciudad habitada", España, 2015. Acrílico sobre tela.

Sueño que vuelvo a ti, ciudad inolvidable. Y no es a ti a quien miro, sino a mí, en todos tus mundos. Todas las ciudades que habito y me habitan. Regreso a cada una de tus esquinas de Schönhauser Allee hasta el infinito, tus sombras entre curvas y hojas, el paraguas verde del U-Bhan que dibuja tus caminos, las salidas de tus cotidianos, donde nos refugiamos de la lluvia en las tardes de verano. Nada ha cambiado en ti, pero tampoco eres la misma. Vuelvo a reconocerte con sutileza y recuerdo cómo había sido vivir con los ojos abiertos, imaginando montañas azules en cielos amarillos, empezando la calamidad del universo, sin aliento, trastabillando por las ciudades del sur y agitada me arrojo a tus brazos cada vez más fríos.
     Te pareces tanto a ti con todos tus rostros idénticos, pero ahora eres algo más domada, algo más sedienta. Eres ínsula de bordes afilados, donde los hilos que atraviesan tu sonrisa en el río Spree congelan los árboles del Tiergarten. Puedo esperar por siempre mírate llenar el mundo contigo y luego nada.
     Nada te sujeta a mí pero yo quisiera aunque sea que algo me detuviera entre tus poros. Descansar por siempre entre tus más sórdidos pasajes bajo la luna diminuta, entre un sol estéril y los áridos rastros de una historia sin salida, que sin desearlo asfixia los breves rastros de tus habitantes.
    No dejo de soñar en ti como si ya no estuvieras viva, como si se te escaparan las fuerzas y agonizaras en un mar de luces lejanas, diluidas hasta el infinito. Y si te fuera permitido parpadear en señal de permanencia, la memoria no haría nada contigo, filtrada en un oscuro silencio te perdería por siempre sin decirte “adiós”.
    Esta advertencia es tuya pero no se quedará en ti más tiempo, lo sé como se saben las cosas antes de que sean anunciadas. Como el viento entre tus muros, cuando una helada hace delirar las primeras hojas de la primavera. Éste, tu invierno perenne, Berlín.