jueves, 30 de julio de 2015

Tepoztlan




Llevo el mundo dentro de mí. Las montañas y las aves que me viven siempre se estremecen. Veo bajar la bruma blanca que entibia mis mejillas. Veo pasar el cielo raso vestido de estrellas fugaces, que inquietos alumbran el horizonte escondido de mis edades.

Algunas sombras que me sobreviven, entretienen el silbido siniestro de cada uno de mis nocturnos y los grillos invertidos de mi memoria.

Los pasos míos, que no son siempre míos, vuelven en espera la tierra entre mis ríos. Me miro de frente cada día y escucho el letargo adoquinado de cada calle poblada. Todo lo que en mí muere, dormita hoy para despertar mañana.

Te veo gris e inquieta. La lluvia cae. Pero la lluvia que cae en ti es tan lejana que se va volviendo silencio o bramido, el barullo trasparente de tus voces que son ecos míos. Tepoztlan, tus mundos que me habitan. Tu universo infinito, de galaxia flamígera que atraviesa mis ojos, toca mis manos, vuelve espuma mis cabellos. Los pies míos que se funden y regresan insaciables aquí. El mundo entero que se asoma de mi boca a la tuya.

lunes, 22 de junio de 2015

Una y otra vez renacidos

Foto. España, 2015


 El primer vuelo de Famulus no era el primero.  La primera vez que tocó las estrellas, la primera que arremetió contra las nubes violeta de la ciudad, la primera vez que abandonó el mundo bajo la búsqueda del otro lado del océano, fue la primera vez que imaginó lo que era el bramido siniestro de los vendavales en invierno o el cautivador aroma de los veranos sobre la brisa de la lluvia.

La belleza, la gran belleza que Famulus veía en su primer vuelo, que no era el primero, anestesiaba cada uno de sus pensamientos, pasados y futuros, volvía en remolinos la escarcha de todas sus horas prematuras y lo convencía, una y otra vez, de que esto no era un sueño, ni una aventura, de que este no era un paseo ni un viaje de retorno. No. Su mundo que apenas volvía, que apenas palpitaba, naciendo con escamas plateadas y plumas nuevas que crecían como una mota de polvo sobre sus viejas plumas, lo encantaba. Y si no era porque este debía ser todos sus vuelos en uno solo, nadie lo hubiera podido reconocer al separar el azul silvestre de todos sus cielos.

Famulus, escuchaba, Famulus el aprendiz, el discípulo, una vez escudero, una vez siervo, una vez esclavo, se elevaba por primera vez. Y sus alas, que no eran las suyas, pero que ahora eran más suyas que el aire en sus ojos, lo envolvían de la eléctrica armonía con la que planeaba como una flecha dirigida directa al corazón del sol, sólo para hacerlo estremecer e iniciar la historia de todos los universos, una y otra vez muertos, y una y otra vez renacidos.

sábado, 6 de junio de 2015

De mi ventana a la tuya crecen colores



"Túneles", España, 2015. Acuarela sobre papel

De mi ventana a la tuya crecen colores de ramas silvestres que se enredan y renacen como arrugas inolvidables y calladas, mil veces bellas saludan con inquietantes deseos. Nos recuerdan los jardines botánicos y las fiestas de cumpleaños, las tardes de alma bocabajo, el ruido de plomo que se extiende en relámpagos de carcajadas, fotografías azules y luces que abren nuestros ojos con fantasía. Nuestros puentes infinitos que nos atraviesan, estrellas y tiempo llevando vida a la vida, de un costado a otro, de mi sueño al tuyo.