Escofina se levanta y da inicio a
la hora del té con sus acostumbrados tres minutos arrodillados en la espera de
un vagabundo siniestro. Mientras tanto, del otro extremo de la mesa en
equilátero azul, se asoma el espanto de una cara palo y dice:
-Un garabato en tu cabeza, Escofina, no es una
idea, es varias y numerosas ideas sujetas a ti.
-Eso es -responde un cara hoja-, no es una idea.
Mejor juega a otra cosa, esta vez no vas
a engañarnos.
Entonces Escofina vuelve a
comenzar, tanteando los brotes sobre la corteza de un árbol. Primero arrebata
dos bolas de lo que ha querido llamar “¡espuelas del olvido!”, las endurece
entre sus dedos como masas y personajes. Segundo, desde el atril de sus dedos
inaugura su discurso.
Dos y cuatro ilusiones vagaban erráticas una misma tarde. Al salir el
sol habían acordado viajar juntas por una tierra maravillosa que aseguraban se
encontraba al otro lado del abismo. Al llegar ante el eterno abismo de sus
ilusiones, las primeras dos, de mejillas enormes y sonrisas horribles, desmiembran
sus cuerpos en fragmentos cada vez menores, pieza por pieza, tendón por tendón,
convencidas de que cada una de sus partes viajará mejor por los aires que por
la tierra. Las segundas cuatro, temerosas, escuetas, ilusiones pasajeras,
arrastran sus piernas huesudas por un légamo de naturalezas muertas, sin
encontrar el valor suficientes, divagan entre la posibilidad de regresar a casa
o intentar rodear el abismo y ver si del otro lado existe una atajo a la tierra
maravillosa.
El tiempo va
ganando y sale la primera estrella. Las dos ilusiones, valientes y robustas se
han convertido un migajas minúsculas, escarabajos de campo que en vez de ilusiones
parecen luciérnagas atoradas en las raíces, incandescentes, pero invisibles.
Las segundas cuatro han permanecido quietas, indecisas se transforman en una
especie de roca grisácea rodeada por las primeras hiervas, sin darse cuenta, ya
no recuerdan la promesa de la tierra maravillosa ni la pregunta que las
mantiene en ascuas sobre sus propias sombras.
Al salir el sol,
dos y cuatro ilusiones con todo y su tierra maravillosa han desaparecido frente
al abismo.
En el proscenio de su escenario
artificial, Escofina estira sus brazos muy junto a sus orejas y desde esa
teatral altura deja caer la primera “espuela del olvido” a manera de cenizas, y
la segunda la suelta en una espectacular caída libre de roca. Ante la impresión
de cara de palo y cara de hoja, exclama: tres
y dos ilusiones nuevas se prometen, al amarecer, llegar a la tierra maravillosa cruzando el
abismo.
2009

Me encanta el cuento y el que hayas comenzado un blog de literatura.
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