martes, 19 de mayo de 2015

El cuento de las ilusiones o el de las espuelas del olvido



Escofina se levanta y da inicio a la hora del té con sus acostumbrados tres minutos arrodillados en la espera de un vagabundo siniestro. Mientras tanto, del otro extremo de la mesa en equilátero azul, se asoma el espanto de una cara palo y dice: 
-Un garabato en tu cabeza, Escofina, no es una idea, es varias y numerosas ideas sujetas a ti.


   -Eso es -responde un cara hoja-, no es una idea. Mejor juega a otra cosa, esta vez no vas  a engañarnos.

Entonces Escofina vuelve a comenzar, tanteando los brotes sobre la corteza de un árbol. Primero arrebata dos bolas de lo que ha querido llamar “¡espuelas del olvido!”, las endurece entre sus dedos como masas y personajes. Segundo, desde el atril de sus dedos inaugura su discurso.

     Dos y cuatro ilusiones vagaban erráticas una misma tarde. Al salir el sol habían acordado viajar juntas por una tierra maravillosa que aseguraban se encontraba al otro lado del abismo. Al llegar ante el eterno abismo de sus ilusiones, las primeras dos, de mejillas enormes y sonrisas horribles, desmiembran sus cuerpos en fragmentos cada vez menores, pieza por pieza, tendón por tendón, convencidas de que cada una de sus partes viajará mejor por los aires que por la tierra. Las segundas cuatro, temerosas, escuetas, ilusiones pasajeras, arrastran sus piernas huesudas por un légamo de naturalezas muertas, sin encontrar el valor suficientes, divagan entre la posibilidad de regresar a casa o intentar rodear el abismo y ver si del otro lado existe una atajo a la tierra maravillosa.

      El tiempo va ganando y sale la primera estrella. Las dos ilusiones, valientes y robustas se han convertido un migajas minúsculas, escarabajos de campo que en vez de ilusiones parecen luciérnagas atoradas en las raíces, incandescentes, pero invisibles. Las segundas cuatro han permanecido quietas, indecisas se transforman en una especie de roca grisácea rodeada por las primeras hiervas, sin darse cuenta, ya no recuerdan la promesa de la tierra maravillosa ni la pregunta que las mantiene en ascuas sobre sus propias sombras.

   Al salir el sol, dos y cuatro ilusiones con todo y su tierra maravillosa han desaparecido frente al abismo.

En el proscenio de su escenario artificial, Escofina estira sus brazos muy junto a sus orejas y desde esa teatral altura deja caer la primera “espuela del olvido” a manera de cenizas, y la segunda la suelta en una espectacular caída libre de roca. Ante la impresión de cara de palo y cara de hoja, exclama: tres y dos ilusiones nuevas se prometen, al amarecer,  llegar a la tierra maravillosa cruzando el abismo.
2009

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